Ciudad de México / Estados Unidos — Investigadores de la Universidad de Pensilvania han descubierto que un hongo considerado mortal por su toxicidad, el Aspergillus flavus, puede convertirse en un tratamiento innovador contra el cáncer. Este hongo, presumiblemente asociado con la llamada “maldición” de la tumba de Tutankamón, ha sido modificado para obtener compuestos bioactivos llamados “asperigimicinas”, que inhiben de manera selectiva células leucémicas.
Las asperigimicinas atacan la división celular al interferir con los microtúbulos de las células tumorales, mostrando eficacia comparable a medicamentos como citarabina, pero con menor toxicidad en células sanas . El estudio, publicado en la revista Nature Chemical Biology, representa un avance notable al convertir una toxina fúngica en una herramienta terapéutica. Los próximos pasos incluyen la evaluación en modelos animales y, eventualmente, aplicaciones clínicas.
Este descubrimiento abre la puerta a explorar más RiPPs (péptidos ribosómicos modificados) derivados de hongos, lo que podría ampliar la oferta de nuevos fármacos oncológicos basados en compuestos naturales.
