lunes, marzo 9, 2026
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Mujeres sostienen 90% de las búsquedas de des4parecidos en México; “el Estado no busca”, denuncian

Ruby Reyes busca a su hermano desde 2019; como ella, mujeres encabezan de las búsquedas de desaparecidos en México y enfrentan enfermedad, presiones y violencia 

En México, alrededor de 234 colectivas de familiares de personas desaparecidas están conformadas en más de un 90% por mujeres, según un informe de Amnistía Internacional.

Entre esas cifras se encuentra Ruby Reyes, quien desde hace poco más de seis años busca a su hermano desaparecido, Jesús Armando Reyes Escobar. Desde su desaparición, la vida de Ruby y su familia ha estado marcada por el agotamiento, el deterioro de la salud y lo que describe como violencia institucional.

“Las búsquedas por parte de las instituciones son pésimas… las instituciones carecen de personal o el personal que va no busca; para ellos es como un día de campo, para pasear, para mirar el paisaje”, explica.

Ella, junto con sus hermanas, mantiene —en la medida de sus posibilidades— las actividades de búsqueda de Jesús, quien desapareció junto a dos compañeros de trabajo, Ángel Gerardo Ramírez Chaufón y Leonel Báez Martínez, el 29 de noviembre de 2019.

¿Quién es Jesús Armando?

Cariñoso, protector, trabajador y aficionado al deporte: así describe Ruby a su hermano menor.

Era un hombre dedicado a su trabajo. El 29 de noviembre de 2019 le tocó cubrir turno en una sucursal de Sanborns, en la alcaldía Gustavo A. Madero. Sin embargo, desde ese día no existe rastro de lo que ocurrió con él.

“Le gustaba ir a apoyar; él repartía café a hospitales y a las casas. Así andaba él”, recuerda Ruby durante una entrevista en la Glorieta de las y los Desaparecidos, en la Ciudad de México.

Para ella, como para toda su familia, su ausencia ha sido una pérdida irreparable que cambió por completo la vida de cada uno de ellos.

“Al principio pensé que era un sueño, que no era cierto. Pero, pasando los días, te das cuenta de la realidad: esta es la realidad. La gente sí desaparece, los desaparecen”, enfatiza.

Perder la salud

Su madre solía participar activamente en manifestaciones y jornadas de búsqueda. Sin embargo, tras ver en televisión información sobre el caso de su hijo, su salud se deterioró de manera drástica.

La mujer sufrió un multiinfarto cerebral que derivó en demencia senil.

“Ya no lo recuerda… Le decimos sobre Chucho y no lo recuerda… A veces pienso que es lo mejor”, reflexiona Ruby.

Ahora enfrenta un desgaste acumulado entre el cuidado de su madre, problemas personales y la necesidad de seguir adelante con la búsqueda de su hermano.

De acuerdo con Amnistía Internacional, entre las cinco principales afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras se encuentran la depresión, el insomnio, el deterioro de la salud, el miedo y dejar de realizar actividades que antes disfrutaban.

Puedes leer: ONU prende alerta en México: impunidad en desapariciones y Estado ausente

A pesar de ello, Ruby se mantiene firme en continuar la búsqueda de Chucho y de otras personas desaparecidas cuyos familiares más cercanos murieron sin conocer su paradero.

Ante el constante contacto con autoridades, también ha tomado diversos cursos de leyes, con el objetivo de brindar acompañamiento a otras mujeres que atraviesan la misma situación.

Riesgos, pobreza y deterioro de la salud

El trabajo de búsqueda que realizan mujeres como Ruby no sólo implica desgaste emocional. De acuerdo con organizaciones de derechos humanos, 97% de las mujeres buscadoras enfrenta algún tipo de delito o agresión mientras intenta localizar a sus familiares.

Las amenazas incluyen extorsión, intimidaciones, secuestros e incluso asesinatos.

Especialistas señalan que las buscadoras enfrentan tres tipos principales de afectaciones.

La primera es la integridad física. Muchas mujeres han sido asesinadas, desaparecidas o desplazadas por realizar labores de búsqueda, además de recibir amenazas constantes.

La segunda es el empobrecimiento. En la mayoría de los casos, son ellas quienes financian las brigadas de búsqueda: pagan gasolina, herramientas y comida para quienes participan. Además, muchas pierden su empleo debido al tiempo que dedican a la búsqueda o por el estigma de ser familiares de personas desaparecidas.

La tercera afectación es la salud. Algunas presentan lesiones en la piel por el contacto con restos humanos, problemas dentales derivados del bruxismo, desprendimientos de retina asociados al llanto prolongado, así como cuadros de ansiedad, pánico o depresión.

A esto se suma que menos de la mitad de las mujeres buscadoras cuenta con acceso pleno a servicios de salud, por lo que muchas sólo reciben atención en casos de emergencia, sin tratamientos médicos continuos.

Las organizaciones también advierten que no son las mujeres quienes se ponen en riesgo, sino que es el Estado quien las expone cuando no acompaña las búsquedas con peritos, maquinaria especializada y protocolos adecuados.

Cuando el territorio habla

Ante la ausencia institucional, las propias familias han asumido el trabajo de investigación.

Karla, integrante de un colectivo de búsqueda, explica que son las propias buscadoras quienes identifican puntos, trazan rutas de acceso y solicitan acompañamiento de autoridades municipales o estatales.

En campo, organizan equipos y excavan con picos y palas hasta encontrar indicios. Después registran prendas, tatuajes o señas particulares que puedan facilitar la identificación de los restos.

Sin embargo, las familias también enfrentan obstáculos institucionales. De acuerdo con su testimonio, las fiscalías suelen repetir diligencias, negar información o llegar tarde a los lugares de búsqueda.

Mientras tanto, son las familias quienes logran conectar datos y pistas que el sistema no articula.

A la crisis de desapariciones se suma además una crisis forense, con miles de cuerpos sin identificar en el país.

Mientras la burocracia se retrasa, el territorio habla y son las mujeres quienes lo escuchan.

“Las mujeres siguen llorando”

Ruby cuenta que, en ocasiones, su único consuelo es el mural dedicado a Jesús. Ese espacio funciona como un memorial donde puede visitarlo y sentirse cerca de él en fechas especiales, como su cumpleaños.

Sin embargo, ese alivio momentáneo se desvanece ante lo que considera la falta de respuesta de las autoridades. En particular, exige que la presidenta Claudia Sheinbaum tome acciones reales frente al problema de la desaparición forzada.

“Sí exijo a la presidenta que haga su trabajo. Ella dio un eslogan, no sé cómo llamarlo, ‘que las mujeres ya no lloran’. Pero las mujeres seguimos llorando”, enfatiza.

Actualmente, la investigación sobre la desaparición de Jesús permanece detenida, sin avances que permitan identificar a los responsables.

con informacion La silla rota

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