La crisis piñera en Veracruz ya no es solo un problema de mercado, es un fenómeno que se expande y que tiene diferentes implicaciones según la región. Tlalixcoyan evidenció que es el epicentro de un colapso comercial, donde la piña se pudre en el campo ante la ausencia total de compradores, pero el municipio de Medellín de Bravo el problema es humano y financiero, porque la caída del precio no sólo quiebra economía de familias enteras, sino que fractura la vida cotidiana en las comunidades.
En Medellín, la piña dejó de ser un cultivo rentable para convertirse en una carga que, como lo señalaron los productores, asfixia. Directamente venden la fruta a 4 o 5 pesos, muy por debajo del costo real de producción, que ronda los 8 pesos por pieza y hasta 300 mil pesos por hectárea.
Lo señala don Manuel García, que cada viaje al campo significa perder dinero, cada cosecha implica endeudarse más. Mientras en Tlalixcoyan la preocupación gira en torno a la falta de compradores, en Medellín la angustia es que, aun vendiendo, el ingreso no alcanza ni para cubrir los créditos que se acumularon durante años de inversión.
La escena entonces es más cruda. En comunidades como Los Robles, Plaza de Toros y Buena Vista, la piña se apila en carretillas y camionetas estacionadas a la orilla de la carretera, no porque falten compradores —como en Tlalixcoyan— sino porque el precio es tan bajo que venderla significa aceptar la pérdida.
Algunos productores narran que las deudas les han dejado episodios de crisis de ansiedad, noches sin dormir y el recuerdo de un compañero que se quitó la vida por la presión financiera. La crisis no solo se ha medido en toneladas de fruta echándose a perder, sino el desgaste emocional de familias que dependen de un cultivo que ya no sostiene su vida.
La respuesta oficial también tiene sus matices. En Tlalixcoyan, la protesta de los piñeros logró abrir una mesa de trabajo con la alcaldesa y activar gestiones de comercialización. Sin embargo, en Medellín, los productores reclaman un año sin apoyos estatales, han pedido la instalación de una empacadora y que el gobierno deje de ver la piña como un cultivo menor. La demanda es una petición de acompañamiento ante una crisis que ya tocó la salud mental y la estabilidad social.
La crisis piñera en Veracruz implica mirar más allá de la fruta pudriéndose en campo, porque en Tlalixcoyan el problema muestra el colapso del mercado, pero en Medellín quienes están colapsando son los propios productores y hay dos emergencias, la agrícola y la humana.
Fuente: Xeu
