Ver que una planta comienza a perder su color verde suele ser una señal de que algo no está bien. Aunque en algunos casos el amarillamiento forma parte del ciclo natural de las hojas más viejas, cuando ocurre de forma repentina o afecta gran parte de la planta puede indicar un problema en sus cuidados.
Este fenómeno es conocido como clorosis, un proceso que ocurre cuando la planta pierde clorofila, el pigmento que le da su color verde y que resulta indispensable para realizar la fotosíntesis.
¿Cuáles son las causas más frecuentes?
El riego suele ser el principal responsable de este problema. Tanto el exceso como la falta de agua pueden afectar el desarrollo de las raíces y provocar que las hojas se vean amarillas.
Sin embargo, no es el único motivo. Otros factores que pueden influir son:
Iluminación insuficiente o demasiada exposición al sol.
Deficiencia de nutrientes como hierro, nitrógeno o magnesio.
Cambios bruscos de temperatura.
Estrés provocado por corrientes de aire o modificaciones constantes en el lugar donde se encuentra la planta.
¿Qué indican las hojas amarillas según su ubicación?
Si el cambio aparece únicamente en las hojas inferiores y más antiguas, es posible que se trate de un proceso de renovación. En cambio, cuando las hojas nuevas empiezan a perder su color o el amarillamiento se extiende rápidamente, podrías revisarla bien.
Además del color, existen otros síntomas que ayudan a identificar qué le ocurre a la planta.
Los bordes secos suelen relacionarse con falta de humedad o escasez de agua, mientras que las hojas blandas pueden ser consecuencia de un exceso de riego. Si aparecen manchas amarillas acompañadas de puntos oscuros, podría tratarse de hongos o alguna plaga. Por otra parte, la caída repentina de las hojas suele estar asociada a cambios bruscos de temperatura o de ubicación.
Fuente: Excelsior
